Democracia para la Educación

Democracia para la Educación

¿Cuáles son los problemas educativos de la sociedad mexicana frente a este contexto de cambio inminente de poderes políticos? ¿En verdad estamos lejos de alcanzar un ejercicio pleno de los derechos educativos para los niños, las niñas y los jóvenes en México? Antes de pensar en quién será el nuevo presidente de la República para el periodo 2018-2024, ¿no sería conveniente identificar cuáles son los problemas nacionales más importantes en materia educativa? Y de ellos, ¿cuáles son factibles de atender en un corto o mediano plazo? ¿Cuál sería el contenido de ese cambio; con qué métodos se podrá lograr eso; con qué recursos públicos? ¿El tema de los avances educativos es un asunto de la suma de individualidades o es un tema de capacidades y compromisos colectivos?

Si pudiéramos elaborar una lista con los tres principales o más sentidos problemas educativos en México, diríamos que son los siguientes: 1) El rezago educativo, entendido como el analfabetismo y la no conclusión de la educación básica por parte de mexicanos y mexicanas de 15 años o mayores de esa edad; 2) Los bajos logros educativos, evaluados en términos de aprendizajes, de los alumnos tanto en Educación Primaria y Secundaria como en Educación Media Superior; 3) Las desigualdades e inequidades educativas que se presentan en las poblaciones marginadas, rurales e indígenas, en todo el país; sobre todo las situaciones adversas que padecen las niñas y las jóvenes que integran dichas comunidades.

Sin embrago, insisto ¿Cuál es el método más adecuado para superar en un tiempo razonable (digamos en una década) los principales problemas educativos de la nación y alcanzar el ejercicio pleno de los derechos educativos?

Al respecto, hace unos días, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), dio a conocer un conjunto de propuestas para fortalecer al Sistema Educativo Nacional, elevar la calidad de la enseñanza y promover la equidad e inclusión en la escuela, a través del documento “Educación para la Democracia y el Desarrollo de México”.

Según el Comunicado de prensa No. 43 del INEE, publicado el 7 de mayo pasado, el documento: “Ayuda a responder la pregunta: ¿Qué debemos hacer los mexicanos para mejorar la educación?” Así mismo, precisa que “la educación debe promover la equidad e inclusión en escuelas dignas para todos los estudiantes, independientemente de su origen, condición social, creencias y preferencias, y debe eliminar toda forma de discriminación en las escuelas.”

Además, el INEE señala en ese texto que “…toda política educativa debe poner el acento en dos áreas fundamentales: priorizar desde la escuela la formación cívica y ética del alumno ante la crisis de convivencia social, y formar personas que posean las capacidades para desenvolverse satisfactoriamente ante los desafíos de la producción, el trabajo y la democracia…”

En el comunicado se indica que Teresa Bracho, presidenta consejera del INEE, dijo que en el documento antes mencionado “se destaca que para generar la justicia social que el país demanda, es necesario concebir a la educación de calidad desde una visión humanista, ajena a prejuicios, igualitaria, crítica e inclusiva.” Por ello, “su mejoramiento debe llevarse a cabo a partir del conocimiento de la realidad que explica sus problemas y deficiencias, precisó.”

Al hacer la presentación del documento, la consejera Sylvia Schmelkes del Valle afirmó que “nuestras desigualdades sociales limitan seriamente la realización práctica del derecho a la educación y que el sistema educativo corre el riesgo de reproducir las desigualdades entre regiones, grupos de población e individuos, por lo que se debe prestar una atención diferenciada a los diversos grupos sociales.”

En el resumen ejecutivo del documento de referencia, los integrantes de la Junta de Gobierno del INEE, autores del texto, señalan lo siguiente: “El Servicio Profesional Docente debe revisarse y mejorarse, no obstante, el mérito individual ha de ser la única llave que abra el ingreso a la profesión magisterial y a la promoción a cargos de dirección, supervisión y asesoría técnica pedagógica, así como a la asignación de estímulos. Por otro lado, la profesionalización docente tiene la encomienda de fortalecer la vocación, los conocimientos y capacidades óptimos para que los docentes alcancen un alto desempeño en el salón de clases y en la escuela. La evaluación docente es un medio para promover la permanente superación del profesorado. Sería desafortunado no mantener el esfuerzo iniciado y retornar o reproducir malas prácticas y arbitrariedades del pasado.” (pp. 27-28; ver también documento completo: pp. 57-58, Punto 6).

A reserva de revisar y analizar con más detenimiento este importante documento publicado por el INEE, recién salido del horno, considero que el Instituto, de manera oficial, nuevamente se pronuncia por la evaluación individual de las figuras educativas, y rechaza, implícitamente, la posibilidad de realizar evaluaciones de colegiados o valoraciones continuas de los desempeños pedagógicos de los equipos educativos, por unidad o centro de trabajo. Esta última propuesta ha sido expuesta en distintos medios por especialistas e investigadores en educación, incluso existen experiencias en diferentes partes del mundo sobre esta posibilidad metodológica, que va más allá del trabajo académico “individual”, es decir, se trata de una opción evaluativa que significa no depositar sólo en el docente o en el directivo escolar, como persona, la responsabilidad educativa, sino también en el colectivo escolar, con lo cual se limitaría la idealización del “mérito”, (término que hace referencia, por cierto, a la formación de una clase o un proceso excluyente: la llamada “meritocracia”).

La búsqueda de alternativas a la evaluación centrada sólo en la persona o en el trabajador de la educación, en lo individual, es una apuesta para lograr una forma de democratización, en sentido horizontal, frente a la versión vertical, de los procesos educativos.

Por eso justamente me pregunto: ¿Por qué las autoridades están tan preocupadas en promover o reivindicar una visión de Educación para la Democracia, cuando lo que requerimos, como sociedad, es un sistema de Democracia para la Educación?

Con información de SDPnoticias

También podría gustarte Más del autor

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.